El cuidado que ejerzo nace del amor, la paciencia y el compromiso. Acompaño a mi sobrino, quien es como un hijo para mí y tiene autismo, respetando sus tiempos, fortaleciendo su autonomía y creando un entorno seguro y comprensivo. También cuido de mi hogar mientras sostengo mi emprendimiento, aun conviviendo con la fibromialgia. Creo que cuidar también es construir comunidad; por eso hago parte de una red de mujeres cuidadoras, donde compartimos apoyo, aprendizajes y esperanza para seguir cuidando con dignidad y amor.