Soy cuidadora de mi hermano menor con discapacidad; me encargo de su bienestar cotidianamente y me siento orgullosa de hacerlo, pues ha sido un proceso que, aunque muchas veces conlleva cansancio, me ha dejado grandes aprendizajes, afectos y recuerdos. Además, cuento con el privilegio de contar con el resto de mis hermanos que son un gran apoyo, lo que me hace rescatar siempre el valor colectivo del cuidado.